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Adviento

“Viene el Señor, Aleluya,

 y en su día brillará una gran luz, Aleluya”.

Virgendeladviento

En el cuarto Domingo de Adviento

En este domingo cuarto de Adviento contemplamos la figura de la Virgen abierta al plan de Dios, acogiendo el don que Dios le ofrece conviertiendose así en "Arca de la Nueva Alianza" y "Puerta Santa que da paso a la Redención llevada a cabo por Jesucristo. Sigamos los textos de la liturgia:

"Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por la voz del ángel el Misterio de la Encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección". (Cuarto domingo de Adviento)

Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárselo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo; tú que la has transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad, concedenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón" ( oración del día 20)


"Dios todopoderoso y eterno, al acercarnos a las fiestas de Navidad, te pedimos que tu Hijo, que se encarnó en las entrañas de la Virgen María y quiso vivir entre nosotros, nos haga partícipes de la abundancia de su misericordia". (oración del día 23)

María es esa tierra virgen de la cual germina el Salvador. Así lo cantamos en la liturgia de este cuarto Domingo de Adviento:

"Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo, y la tierra germine al Salvador.
                                              La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra.
                                              La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan.


"Aquí está la esclava del Señor, dice María,
hágase en mí según tu palabra
                                                                           
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¡Oh Señor, Pastor de la casa de israel,
que conduces a tu pueblo,
ven a rescatarnos por el poder de tu brazo!
Ven pronto, ¡Señor, ven Savador!

¡Oh Sabiduría, salida de la boca del Padre,
anunciada por los profetas,
ven a enseñarnos el camino de la salvación!
Ven pronto,Señor, ¡Ven, Salvador!

Hijo de David, estandarte de los pueblos y los reyes, a quien clama el mundo entero,
¡ven a libertarnos, Señor, no tardes más!

Llave de David y cetro de la casa de Israel,
tú que reinas en el mundo,
ven a libertar a los que en tinieblas te esperan.
Ven pronto,Señor. ¡Ven, Salvador!

!Oh Sol naciente, esplendor de la luz eterna
y Sol de justicia,
ven a iluminar a los que yacen en sombras de muerte!
Ven pronto,Señor. ¡Ven salvador!

Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia
Tú que unes a los pueblos,
ven a libertar a los hombres que has creado.
Ven pronto,Señor, ¡Ven salvador!

¡Oh Enmanuel,
nuestro Rey, salvador de las naciones,
esperanza de los pueblos,
ven a libertarnos, Señor, no tardes ya!
Ven pronto, Señor, ¡Ven, Salvador!

                                                                             velaadviento                                            vela de adviento     


                                                                                                 motivo


San Ambrosio

                                                   Comentario al Evangelio de San Lucas                                                       

Cuando el ángel reveló a María los misterios recónditos de Dios, para fortificar la fe con un ejemplo, habló a la Virgen de la maternidad de una mujer ya anciana y estéril; con ello le quiso demostrar que para Dios no hay nada imposible.

Al oir María este anuncio, llena de gozo y sin demora, partió hacia las montañas, no porque dudara de las palabras del ángel ni porque estuviera incierta de la veracidad del hecho ni porque vacilara ante la realidad del ejemplo, sino porque se sentía impulsada por el deseo de cumplir un deber de piedad, anhelante de prestar sus servicios y presurosa por la intensidad de su alegría.

Llena ya totalmente de Dios, ¿a dónde podía dirigirse María con prisa sino hacia las alturas? En efecto, la gracia del Espíritu Santo ignora la lentitud. Los beneficios de María y los dones de la presencia del Señor se manifestaron enseguida, pues así que Isabel oyó el saludo de María, su criatura salto de gozo en su seno y ella quedó llena del Espíritu santo.

Considera la precisión y exactitud de cada una de las palabras: Isabel fue la primera en oír la voz pero Juan fue el primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiecen a profetizar por inspiración de sus propios hijos.

El niño saltó de gozo y la madre fue llena del Espíritu santo, pero no fue enriquecida la madre antes que el hijo, sino que, después que fue repleto el hijo, quedó también colmada la madre. Juan salta de gozo y María se alegra en su espíritu. En el momento que Juan salta de gozo Isabel se llena del Espíritu, pero si observas bien, de María no se dice que fuera llena del Espíritu sino que se afirma únicamente que se alegró en su espíritu (pues en ella  actuaba ya el Espíritu de una manera incomprensible); en efecto:  Isabel fue llena del Espíritu  después de concebir; María, en cambio,  lo fue ya antes de concebir, porque de ella se dice: Dichosa tú que has creído. 

Pero también vosotros sois dichosos porque habéis oído y creído, pues todo el que cree, como María, concibe y da a luz al Verbo de Dios y proclama sus obras.

Que resida, pues, en todos el alma de María, y que esta alma proclame la grandeza del Señor; que resida en todos el espíritu de María y que este espíritu se alegre en Dios; porque, si bien según la carne hay solo una madre de Cristo, según la fe, Cristo es fruto de todos nosotros, pues todo aquel que se conserva puro y vive alejado de los vicios, guardando íntegramente la castidad, puede concebir en sí la Palabra de Dios.

El que alcanza, pues, esta perfección proclama, como María, la grandeza del Señor y siente que su espíritu también como el de María, se alegra en Dios, su salvador; así se afirma también en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor.