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Monasteriode Alloz



      El Sacramento del Adviento

                 en la espiritualidad de San Bernardo

                                                                                       

   Tomás Merton


                                                                                                                     
Contemplando la Palabra
                                        

                                                                                
                                        








El Adviento es el “sacramento” de la PRESENCIA  de Dios en el mundo, en el Misterio de Cristo que actúa en la historia mediante su Iglesia, preparándose de un modo oculto y oscuro para la manifestación de su Reino. La liturgia monástica es, en general, culto al Padre en y mediante el Cristo resucitado, glorioso en el cielo, presente ante nosotros en la tierra en su Espíritu.

Los cistercienses del siglo XII dan especial importancia a la venida de Cristo por su Espíritu a la persona cristiana. Contemplan su nacimiento oculto en nuestras vidas, su Adviento aquí y ahora en el misterio de oración y providencia. Es la presencia especial de Dios en el mundo lo que les fascina y les atrae a él en meditación sobre la Biblia, donde está presente en su Palabra y en la luz engendrada por esa palabra en el corazón del creyente.

La importancia de reconocer la venida del Salvador

La vigilancia es una expresión particular de la pureza monástica del corazón: la virginidad de espíritu “propia” de la vida de contemplación. Hemos dejado todas las cosas para velar de noche en “las murallas de Jerusalén”. Esperamos con las lámparas preparadas, como las vírgenes prudentes, la Parusía. Es una verdad cristiana básica, común para todos, pero especialmente subrayada por los monjes. Es un aspecto particularmente importante de la espiritualidad de San Bernardo.

En el preludio al primer sermón de Adviento, San Bernardo contrasta al monje vigilante con los que no prestan atención a la venida del Señor. Estos no se dan cuenta de ningún modo de que necesitan un Salvador. Por eso no se dan cuenta de Su presencia. Son como los que perecen en el diluvio. Agarrándose a cualquier paja, “como a las raíces de la hierba”, buscan solidez solo en lo que les engaña, porque no puede ofrecer apoyo. Toca al monje buscar una realidad que tenga verdadera sustancia, y no sea mera apariencia.

El monje vive de las realidades reveladas por Dios a su Iglesia, en la Biblia, sobre todo. Entonces lo propio del monje es aferrar las realidades sustanciales de la vida, las que sean sólidas y permanentes,  entrar con laudábilis curiositatis en los misterios de la fe en la liturgia de la Iglesia. Siguiendo un camino austero y solitario, privado de consuelo terrenal, viviendo en el vacío, conscientes de su dependencia de Dios, los cistercienses viven “como pequeños” , los hijos de la Iglesia.  De se modo buscan a Dios mismo, más allá de todas las cosas visibles, y porque le buscan en fe, él llega escondido a ellos en el Sacramentum del Adviento. Sin embargo no hemos de pensar que ese encuentro con Dios sea meramente el resultado de negar el cuerpo y afirmar el alma, Es la persona entera quien, o sale al encuentro de Cristo en su Advenimiento, o le rechaza con indiferencia.

El Sacramento del Adviento

Tras esta expresión de San Bernardo encontramos algo de la profunda escatología de San Pablo.
El sacramentum que San Bernardo encuentra en el Adviento es el sacramentum, el mysterium de que escribe San Pablo a los Efesios. Es el “sacramento” o “misterio” de la divina voluntad, conforme al designio que le pareció bien formar en Cristo, para ser realizado en la plenitud del tiempo, para unir todas las cosas en Cristo. Este misterio es la revelación del mismo Dios en su Hijo encarnado. Pero no es meramente una manifestación de las Divinas perfecciones; es el plan concreto de Dios para la salvación de los hombres y la restauración del mundo entero en Cristo.
Este plan está considerado no como una perspectiva futura sino como un hecho presente. El Reino de Dios ya está así “en medio de nosotros”. Pero el misterio solo puede ser conocido por los que entran en él,  los que encuentran su lugar en el Cristo Místico, y por tanto encuentran el misterio de Cristo realizado y cumplido en ellos mismos. Para esos, el Reino de Dios está misteriosamente presente.

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