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Orar con los Salmos


                                                                                                                                                                   P. Agustín Apaolaza
                                                                                                                                                                                                                      Prior del Monasterio de Estíbaliz (Álava)
Introducción

   

    La palabra "oración" suena mucho hoy en día en nuestro mundo. Unos para atacarla, otros para reclamarla. A pesar de la crisis de los valores humanos y religiosos, la mutación cultural ha despertado algo que podríamos llamar "hambre de experiencia interior", hambre de oración, búsqueda de interioridad; algo que la experiencia de la droga y el placer no puede satisfacer. Muchos jóvenes en su búsqueda, van a Taize, donde oran con los hermanos y viven la experiencia de la oración que los plenifica. Otros jóvenes buscan el silencio y el retiro de los monasterios para realizar esa experiencia.

     Nosotros, desde nuestra experiencia de oración en el monasterio, queremos ofrecer el método de oración de los salmos. Pensamos que el hombre y la mujer de hoy en día pueden beber en la fuente de los salmos la fuerza y el consuelo que necesitan y busquen en ellos la experiencia oracional que experimentaron los salmistas. Al comentar el salmo, queremos indicar el camino que conduce a esa experiencia. Pero hay que decir que no basta leer el salmo según la letra del Antiguo Testamento. Un salmo no es un documento arqueológico, y será salmo en la medida que despliega toda su fuerza vital, oracional y en la medida que el Espíritu lo reza de nuevo en nosotros y desde nosotros, y, también, en la medida en que lo vivamos en las nuevas circunstancias de cada día.

    Sabemos bien que la oración ha sido sembrada en  el día de nuestro bautismo. Somos capaces de decir: Abba a Dios (Rm.8,15-16). Pero nuestro corazón duerme y es necesario despertarlo para que la oración sea auténtica. Para ello en los salmos tenemos un medio extraordinario. Los salmos interpelan el corazón, y hacen que la semilla de la oración crezca, se desarrolle y dé fruto abundante. 


Atí, Señor, levanto mi alma

1. Salmo 1          Salmo 2    Salmo 3