Santa Escolástica


Nació en Nursia (Italia) en el 480 y se consagró a Dios desde muy joven. Siguió a su hermano San Benito a Subiaco y a Montecassino y estableció un monasterio a los pies del monte en Piumarola. San Benito fijó su habitación en la cumbre de la montaña y visitaba a su hermana sólo una vez al año porque se había impuesto cumplir rigurosamente la regla.

En el último coloquio, Dios prefirió la caridad de Santa Escolástica que el cumplimiento estricto de la regla. La santa le pidió una vez más a su hermano que se quedara con ella. Con el severo reproche llegaron los truenos que obligaron a San Benito a desistir de regresar al monasterio. En este lugar se construyó la Iglesia del Coloquio.

Benito volvió a su convento de Monte Casino y a los tres días, al asomarse a la ventana de su celda vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo. Entonces por inspiración divina supo que era el alma de su hermana que viajaba hacia la eternidad feliz. Envió a unos de sus monjes a que trajeran su cadáver, y lo hizo enterrar en la tumba que se había preparado para él mismo. Pocos días después murió también el santo. Así estos dos hermanos que vivieron toda la vida tan unidos espiritualmente, quedaron juntos en la tumba, mientras sus almas cantan eternamente las alabanzas a Dios en el cielo.

El trabajo ofrecido por Dios es una gran oración (San Benito).

“Cuando aquella santa virgen suplicó a Dios que su hermano no partiese, consiguió mucho del Señor porque había amado mucho”.