Santa Humbelina


Nació en Borgoña, Francia (1092-1147), en el castillo de Fontaines-les-Dijon, donde sus padres eran los señores del castillo.

Ella fue la cuarta de siete hermanos, todos ellos varones. Junto con ellos recibió una amplia educación. Entre sus dotes debemos mencionar su destreza musical y un excelente conocimiento del latín. Pero lo principal fue que sus padres predicaban con el ejemplo.

Su familia era muy piadosa y cercana a la vida religiosa. De hecho, uno de sus hermanos, con el que mejor amistad llevó, se convirtió en San Bernardo, uno de los Doctores de la Iglesia.

En 1117 aconteció su conversión Humbelina era una persona muy alegre, y su buen humor era celebrado por quienes la conocían. Solía tener charlas profundas de religión con su padre, y más tarde con el que fue su noble marido, Guido de Marcy.

Toda su vida su preocupación principal era cómo servir mejor a Dios. En una charla con su esposo, ambos deciden dedicar el resto de sus vidas a servir en un convento. Él ingresó en Císter, y Humbelina en Jully, donde ya se encontraba su cuñada Isabel, quien era la abadesa, y su sobrina Adelina.

Al morir Isabel, Santa Humbelina es quien hereda el cargo. En 1132 una colonia de monjas fundaron Tart, en la diócesis de Langres, el primer convento que abrazó la reforma y se sometió a la jurisdicción de Citeaux, y fue, por consiguiente, la casa matriz de las monjas cistercienses.

No se sabe si Humbelina tomo parte en esta fundación, pero no cabe duda de que hasta el final Jully continuó siendo puramente benedictina. Cuando estaba a punto de exhalar el último aliento, ella miró a Bernardo con una radiante sonrisa y exclamó:” ¡Oh, cuán feliz soy por haber seguido tu consejo y haberme consagrado a Dios! ¡Y qué bello premio espero recibir por el amor que te he tenido en esta vida! Es a ese amor al que debo la alegría y la gloria que me esperan en el cielo.” Luego, volviéndose a los demás, exclamó extasiada: “Me alegré de las cosas que me dijeron: entraremos en la casa del Señor.”(Ps 121,1)

Antes de que Dios llamara a Humbelina a su seno, su hermano San Bernardo le predijo que alcanzaría la santidad. Y así fue, en 1871 fue canonizada por el papa Pío IX.

Santa Humbelina nos enseña el valor de la alegría para servir mejor a Dios.