Imágenes de nuestra historia


Monseñor Sancha

Monasterio de Nª Sª de los Ángeles

Los comienzos

Dom Juan-Bautista Ollitrault de Keryvallant

Monasterio Cisterciense de Santa María de San José

 

 

 

 

 

 

 

 

31292 Alloz (Navarra)
Tel. 948. 54.14.67
http://wwww.monasteriodealloz.org


 

A 12 kilómetros de Estella y 31 de Pamplona, en las inmediaciones de Alloz y a 2 kilómetros del pantano del mismo nombre, en un bello paraje del Valle de Yerri, está situado el Monasterio Cisterciense de Santa María de San José.

Es un edificio moderno, inaugurado en el año 1961, pero cuyas raíces se hunden en la misma Edad Media. En él vive una comunidad de monjas cistercienses, que han consagrado su vida a Dios mediante la alabanza divina, la oración y el trabajo manual.

El nacimiento de una Comunidad en Tiñosillos. Ávila

La historia de nuestra comunidad es la historia de la elección de Dios y su entrañable misericordia a lo largo de su historia. Nuestro fundador, el cardenal don Ciriaco Mª Sancha y Hervás, fue beatificado el 18 de Octubre de 2009. Fue el hombre providencial, elegido por Dios, para hacer realidad la fundación del primer monasterio trapense femenino en España en la segunda mitad del siglo XIX. “Hombre de Dios, de fe y piedad profundas, de gran celo pastoral, clarividente y sensible ante cualquier necesidad”, recibió la llamada del Señor para hacer algo “nuevo” que, como levadura en la masa, contribuyera a la renovación espiritual de su diócesis.

La fundación de la comunidad tuvo lugar en Tiñosillos (Ávila). Supuso la encarnación de unos valores plenamente actuales, enriquecidos posteriormente por su incorporación a la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia y, últimamente, por la renovación conciliar.

Para comprender la fundación de Nuestra Señora de los Ángeles en Tiñosillos, es necesario situarse en el contexto socio-político y religioso español de finales del siglo XIX, el cual se veagitado por diversas convulsiones, algunas de ellas reflejo de lo que sucedía en el resto de las naciones europeas. Se estaban viviendo las consecuencias de las guerras, las luchas ideológicas entre carlistas y liberales, la inestabilidad política con sus frecuentes cambios de presidentes, la desamortización de Mendizábal de 1835, y el materialismo y positivismo, “gran enfermedad de la sociedad actual”, como lo describía monseñor Sancha en una carta.

En este contexto, don Ciriaco María, entonces obispo de Ávila, se siente impulsado a fundar una comunidad de monjas trapenses. ¿Por qué trapenses?

Monasterio  de Tiñosillos

Él conocía muy bien la vida de la Trapa por sus frecuentes viajes a Francia, los cuales le permitieron visitar y conocer el monasterio de monjas trapenses de Blagnac y el de monjes de Santa María del Desierto, ambos cerca de Toulouse, sintiendo gran admiración por esa forma de vida. La vida sencilla de oración y trabajo manual de estas comunidades le atrajo fuertemente, considerándola muy apropiada para tantas jóvenes cristianas y piadosas que deseaban consagrar su vida a Dios, pero que la pobreza de medios familiares les impedía sufragar la dote que entonces se pedía. Esto hacía crecer su deseo de tener en su diócesis una comunidad de monjas trapenses.

Tiñosillos

Dada la situación política del tiempo, era impensable que monjas francesas viniesen a fundar a España o que jóvenes españolas fuesen a Francia para formarse en la proyectada comunidad; por esta razón él mismo decidió realizar la fundación en su diócesis,en unas circunstancias que desde nuestra perspectiva consideraríamos completamente anormales.Por otra parte, sentía la necesidad de fundar un monasterio que fuera lugar de oración, “hontanar secreto, desde donde llegase a todo el pueblo cristiano el agua viva alumbrada por las almas contemplativas”.

En aquella época la única comunidad trapense en España era la de los monjes de Getafe, que se trasladaron posteriormente al monasterio de La Oliva, en Navarra.

Llama la atención el hecho de que don Ciriaco María Sancha, no siendo él mismo monje, acometiera esta fundación; pero los caminos del Señor muchas veces son desconcertantes para nosotros; él tenía una gran sensibilidad y admiración, como queda dicho, hacia la vida monástica.

Nuestra Señora de los Ángeles

Estas y otras “consideraciones” le llevaron a erigir un monasterio trapense bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, “en donde pudieran ser admitidas unas cincuenta monjas poco más o menos, siendo preferibles doncellas pobres de la Diócesis, si las hubiese con verdadera vocación y con las cualidades y condiciones que se requieren para una vida tan austera; con ese fin, mandó que se comprasen los terrenos necesarios en el término jurisdiccional de Tiñosillos, en donde sería menor su valor por no haber los cuantiosos recursos que harían falta para adquirir tierras de mejor calidad”.

Este documento está firmado por don Ciriaco María y su secretario, don Julián Martín Cruz.A medida que este proyecto fundacional se iba conociendo en las distintas diócesis a través de los Boletines Oficiales diocesanos, se fue despertando el interés y el entusiasmo en muchas jóvenes que, bien directamente o a través de sus respectivos párrocos o directores espirituales, decidieron incorporarse a él con el deseo de seguir a Cristo por el bello y austero camino de la Trapa, reuniéndose en torno a Sancha.

Las claves del éxito de la fundación de este “nuevo Monasterio”, pues en España ya existían otros monasterios de monjas Bernardas y de diversas Órdenes, fue debido, sin duda ninguna, a que monseñor Sancha, con un don especial de Dios, supo llegar al corazón de las jóvenes y transmitir unos valores espirituales que se estaban buscando, presentando la vida monástica como camino radical de seguimiento de Cristo y de vocación a la santidad; con la novedad de contar entre estos valores el trabajo manual en el campo, como factor de armonía interior en la persona y medio de subsistencia, ya que en aquella época era normal en los monasterios de monjas vivir de las donaciones. No deja de ser significativo que don Ciriaco María señale esto en sus cartas.

En esta afluencia de jóvenes se encuentran relatos conmovedores que nos evocan las palabras de santa Inés a sus doce años recogidas en la liturgia: “Al que deseé ya lo veo; al que esperaba ya lo poseo; siempre te he amado, te he buscado, te he deseado, y ahora vengo a ti”.”Quiero ser solamente tuya, ¡oh, Cristo esposo; a ti vengo con mi lámpara encendida!”.Sancha en una de sus cartas nos narra el testimonio de una niña de 13 años: “Me hizo llorar, dice, cuando me refirió lo que le pasó con su padre. Se presentó a él muy humilde diciéndole con las lágrimas en sus párpados: padre mío, vengo a pedirle un favor y le ruego, por amor de Dios, que no me lo niegue. El padre al verla así parece que se sintió conmovido y le dijo: bien, hija, pídeme lo que quieras, pues sabes que te quiero. Pues bien, dijo ella, ruego a usted me dé su permiso y bendición para meterme trapense. El padre se asustó, se admiró y no acertaba a explicarse lo que decía su hija. Le dijo que lo pensara y después de tres días le cumplió la palabra de darle lo que quería, pero con mucho sentimiento”. Y añade: “El Domingo estuvo ya con las otras postulantes y ciertamente que su cara revela que la vocación le viene de Dios”. Esta niña que estuvo como educanda hasta los quince años. Murió en Alloz en 1934 a los 63 años.

Otro relato recogido en las Crónicas de nuestra comunidad describe, unos meses más tarde el testimonio de otra joven de quince años, ya en el monasterio, que ante la firme resolución de su padre de llevársela, porque le parecía que pasaba necesidad en una vida tan austera, le dijo con firme resolución: “Padre, si usted se empeña en llevarme lo hará, pero será arrastras, atada a la cola de la caballería”. Y añade la cronista: “El padre tuvo que desistir de su intento”. Esta joven murió al año y medio después (julio de 1886) a causa de una inflamación. Tenía 17 años. No fueron estos los únicos casos.

Lo que impresiona, tanto en las cartas de don Ciriaco María como en las Crónicas de la comunidad, es la alegría con que estas jóvenes emprendían este camino y la profunda espiritualidad con la que él las iba formando después de hacer un serio discernimiento. Fueron los verdaderos cimientos sobre los que se construyó la comunidad.

Para dar comienzo a esta fundación pensó en la señorita Luisa Fernández Barbot, dirigida suya desde los tiempos de obispo auxiliar de Toledo, a la que venía preparando para esta misión desde años atrás. Luisa había nacido en Manila (Filipinas) y era hija de don Hermenegildo Fernández, un gentilhombre de cámara de su Majestad el rey Alfonso XII, Ministro Tesorero de las Reales Cajas de Filipinas. Era una mujer de acreditada virtud, de muy raras dotes personales, y muy culta. Con fecha 29 de noviembre de 1883 Sancha le escribió desde Ávila, comunicándole su proyecto de fundación y “proponiéndole ser ella la primera piedra de este edificio espiritual cuya comunidad observaría la Regla de san Benito y las Constituciones de las monjas trapenses de Francia adaptadas a España”. Le decía textualmente: “Le propongo un pensamiento que Dios ha puesto en mi alma y para cuya realización me dice que cuente con usted”.

Como hábil arquitecto, don Ciriaco María dirigió la construcción del monasterio, prestando atención a cada uno de los detalles. El día 10 de julio de 1884 se colocó la primera piedra del monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles en Tiñosillos, para gloria de Dios nuestro Señor.

Palacio Episcopal de Ávila

El comienzo oficial de la fundación tuvo lugar el día 5 de octubre de 1884 en la capilla privada del Palacio Episcopal de Ávila. En una ceremonia sencilla, sin más testigos que dos pajes y una hermana suya, Luisa Fernández Barbot recibió el hábito cisterciense de manos del señor Obispo y fundador. Éste le entregó la Regla de san Benito y las Constituciones de las monjas trapistinas de Francia, adaptadas por él mismo a España, poniendo la comunidad bajo su autoridad episcopal. Al día siguiente cinco jóvenes aspirantes se incorporaron a la fundación y comenzaron su andadura; otras lo fueron haciendo en días posteriores. La madre Luisa fue nombrada abadesa de la nueva y pequeña Comunidad.

Mientras se construía el monasterio, el grupo vivió en las dependencias del Obispado. El 4 de enero de 1885 la comunidad se trasladó al monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles en Tiñosillos, ocupando las zonas ya terminadas, pero que todavía rezumaban humedad. Esto no dejó de tener sus consecuencias en la salud, tanto de las hermanas como del fundador.

Una vez instalada la comunidad en el monasterio, don Ciriaco María y madre Luisa emprendieron la labor de la formación espiritual, para lo que no ahorraron dedicación de tiempo y esfuerzos. Tuvieron como base y camino devida, tal y como hemos apuntado, la Regla de san Benito, la espiritualidad cisterciense y las Constituciones dadas por él, configurando su vida monástica:

  • * orientada radicalmente a Dios y centrada en Cristo.
  • * envuelta en la soledad y el silencio.
  • * a la escucha de la Palabra de Dios.
  • * centrada en la Eucaristía.
  • * en comunión fraterna.
  • * en austera sobriedad, “pobres con Cristo pobre”.
  • * en trabajo manual.

En todo este proceso formativo y de consolidación de la comunidad, el fundador se mostró siempre como un padre entrañable, pastor solícito, médico, maestro y administrador; aconsejando, animando, curando, enseñando, discerniendo, corrigiendo muchas veces, compartiendo alegrías y penas. Se expresa así en una carta:

“He ido modelando poco a poco vuestro espíritu y vuestra inteligencia al fin propuesto de tener una comunidad de monjas trapenses, y os doy gracias en especial a la Rvda. Madre Abadesa por su colaboración a mis fines. He expurgado, por así decirlo, el grano malo del grano bueno para que haya entre vosotras solamente monjas dispuestas al divino servicio, como quiere nuestro padre San Benito, y especialmente dedicadas al silencio”.

Con su nombramiento como obispo de Madrid en 1886, la comunidad se vio desprovista de su ayuda directa y tuvieron que aprender a caminar solas, apoyadas firmemente en la Providencia de Dios. Aunque él, desde su nueva Sede, no dejó de acompañarlas, aconsejarlas y ayudarlas; pero siempre desde un gran respeto a su sucesor y una gran discreción. Siempre las llevó en su corazón. Una de las cartas, escrita desde Madrid, es como su testamento espiritual: “Os dejo mi corazón, en primer lugar como símbolo de mi amor por la Institución y por todas y cada una de vosotras. Éste es mi principal testamento”.

Desarrollo de la Fundación

La consolidación y enraizamiento de la comunidad tenía que pasar necesariamente por el camino de la cruz. Fieles discípulas de Jesucristo, tenían que ser asociadas a su misterio pascual de muerte y resurrección; pues «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto». Y la comunidad de Tiñosillos estaba llamada a ser muy fecunda en el seno de nuestra Madre la Iglesia.

En primer lugar, la vida en la comunidad era muy dura, verdaderamente heroica. Aparte del régimen ya de por sí austero en la comida, el trabajo del campo en la también austera estepa castellana, la escasez de sueño, de medios, las condiciones nada adecuadas de habitabilidad de los edificios, hicieron la vida muy difícil. Su situación debió de resultar demasiado precaria. Eran tiempos de hambre y penuria en toda la sociedad española, que ellas sintieron más agudamente. Todo esto puso a prueba la solidez de su vida espiritual. Y demostraron que estaban cimentadas sobre “la roca firme” de Cristo; afrontaron con entereza,incluso con ilusión y alegría, las dificultades que toda implantación de una nueva comunidad lleva consigo, conscientes de ser “pobres con Cristo pobre”, como se desprende de las crónicas. Pero, al mismo tiempo, estas circunstancias les hicieron comprender que desligada la comunidad de la Orden Cisterciense (en aquella época la Congregación cisterciense de la Trapa), pocas probabilidades de éxito podía tener; máxime dadas las condiciones históricas y de sometimiento jurisdiccional exclusivo al Obispo diocesano en que se encontraban todas las monjas en España. Por eso, ya desde los inicios las monjas de Tiñosillos buscaron el contacto y la afiliación a la Orden Cisterciense. Don Ciriaco María Sancha estaba abierto a ello.

Cándido Albalat y Puigcerver

En abril de 1887 Dom Cándido Albalat y Puigcerver, abad del Monasterio de Santa María del Desierto, en Francia, fue llamado para dirigir los Ejercicios Espirituales a la comunidad. Al finalizarlos, se planteó por primera vez el tema de la incorporación de la comunidad de Tiñosillos a la entonces Congregación Cisterciense de la Trapa, que en 1892 se uniría a otras dos Congregaciones trapenses existentes y formarían la actual Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia. Con este fin Dom Cándido fue a visitar a don Ciriaco María a Madrid, que aceptó la propuesta con gran apertura de espíritu. Dom Cándido escribió poco tiempo después diciendo que el Rvdmo. Padre General aceptaba que se hiciese la afiliación a la Orden y que la R. M. Hildegardade Blagnac aceptaba muy gustosa que algunas hermanas fuesen a pasar una temporada a su Monasterio con el fin de aprender los Usos y Costumbres de la Trapa, siendo acompañadas a su regreso por algunas hermanas de Blagnac y un Capellán de la Orden.

La petición hecha a la Nunciatura con este fin fue detenida. En una carta dirigida a la M. Abadesa, el Nuncio manifiesta que “debe esperar a que tome posesión de esa Diócesis el nuevo Prelado, o que tal vez sería mejor que viniese una hermana de Francia al efecto que la M. Abadesa se proponía. Pero el nuevo Obispo de Ávila, Don Ramón Fernández de Piérola, “con una visión diferente y firme resolución no permitió ni que las hermanas de Tiñosillos fueran a Francia, ni que las hermanas de Francia vinieran aquí”, expresando en varias de sus cartas que el Monasterio estaba sujeto exclusivamente a la jurisdicción del Obispo diocesano.

Como dice el autor de El Alcázar del Silencio, primera historia de la comunidad de Alloz, «había sonado la hora en el reloj de la Providencia, pero los relojes humanos o estaban muy atrasados o estaban descompuestos y el desacuerdo retrasó la incorporación muchos años». Sancha fue sumamente respetuoso con esta decisión.

Esta negativa no fue capaz de desanimar a las hermanas, que siguieron insistiendo en su deseo. Su tenacidad consiguió que en 1911 se les concediera la afiliación espiritual y en 1923 la incorporación canónica, como más adelante se verá. Ni impidió que las comunidades de Blagnac y de Santa María del Desierto siguieran ayudando y acompañando a las hermanas de Tiñosillos con un gran espíritu fraterno.

Otra de las dificultades por la que atravesó el monasterio fue la grave enfermedad de la madre Luisa en marzo de 1888. Esta prueba afectó profundamente a las hermanas, muy unidas en torno a ella. Siguió el desconcierto. La sucesión no fue fácil.

El nuevo obispo recondujo la situación nombrando como Superiora a la madre Josefina Ortiz, joven profesa de 24 años de edad, la cual, no pudiendo superar la situación, dimitió a los pocos meses y salió de la comunidad. Seguidamente fue nombrada como Abadesa interina la madre Petra López del Corazón de Jesús, profesa también de votos temporales, de 28 años de edad. Esto devolvió la paz y la unidad a la comunidad. La madre Petra fue elegida Abadesa por la comunidad el 30 de Mayo de 1891.

A lo largo de estos años no dejaron de surgir dificultades: nuevos casos de enfermedad y muerte aparecieron entre aquel grupo de jóvenes aguerridas y generosas. En los treinta años que permanecieron en Tiñosillos murieron 19 hermanas jóvenes entre 17 y 30 años, solamente cuatro de ellas tenían de 40 a 49 años. La vida se hacía imposible en tales condiciones y, por otra parte, las vocaciones no cesaban de afluir en gran número. Sorprende que estas circunstancias no fueran capaces de desanimar a las jóvenes. A esto, y a la pobreza de la comunidad, se unía la falta de atención espiritual, debido a la inestabilidad y ausencia de los capellanes. Hubo días en que las hermanas no pudieron tener Misa; un año “no pudieron celebrar la Misa del Gallo porque el capellán se había marchado a celebrar la Pascua con su madre”. O “se pasaban meses enteros sin poder confesarse”. Éstas y otras dificultadesamenazaron con echar por tierra toda la obra emprendida. Las hermanas se dieron cuenta de que era necesario tomar una decisión. La Providencia divina velaba por la comunidad y la fue dirigiendo “como un padre acompaña a su hijo mientras dura el camino”.

En agosto de 1891, a través del señor Obispo y del fundador, entran en relación con los monjes trapenses de Getafe a causa del planteamiento que se hicieron en el Consejo de dejar o no la labranza y las granjas, por el poco rendimiento que tenían. El padre Roberto vino a visitarlas. Le parecieron muy malos los terrenos y les aconsejó comprar vacas para leche; él mismo se las proporcionó, pero tampoco aquello resolvió el problema.

La fundación de la comunidad cisterciense de San Isidro de Dueñas en 1891 en Palencia, por parte del monasterio francés de Santa María del Desierto, fue una ayuda importante en este período de incertidumbre.

El día 28 de febrero de 1892 el padre Nivardo, superior del monasterio de San Isidro, llegó al monasterio de Tiñosillos. Había ido a Ávila postulando y al presentarse al señor Obispo a pedirle licencia para recorrer la Diócesis, éste le suplicó que fuera a visitar la Comunidad de Tiñosillos, dándole todas las facultades necesarias para entrar en Clausura, confesar a las hermanas que quisieran hacerlo, y oírlas una por una en el locutorio. Les habló en la Sala Capitular, en donde ocupó la Silla Abacial y les prometió ayudarlas todo lo posible, sobre todo en vistas a la afiliación a la Orden que era su mayor deseo. Gracias a la ayuda de los monjes de San Isidro salen de su aislamiento para vivir en la comunión de la Orden Cisterciense de la Trapa; de forma gradual van cambiando sus propios Usos y Costumbres por los de la Trapa. Uno de los primeros cambios que hicieron fue la sustitución del Oficio Parvo que ellas rezaban, por el Oficio Divino. Esta ayuda fue decisiva en el crecimiento de su identidad cisterciense y en el proceso de su incorporación a la Orden; dio comienzo así una nueva etapa.Desde entonces las dos comunidades han caminado juntas en un fuerte espíritu de comunión fraterna.

El fundador, don Ciriaco María, seguía manteniendo correspondencia con las abadesas que se iban sucediendo, pero siempre sumamente respetuoso con la libertad de decisión de las hermanas. Se conserva su correspondencia desde 1898 hasta el año 1905. El 17 de febrero de 1905 escribe lo siguiente: “Desde dos años a esta parte me siento muy delicado de salud y muy débil de fuerzas, a causa del reúma que me invadió cuando estuve ahí para cuidar de la edificación de ese monasterio. Recordará V. que pasamos todo un invierno durmiendo entre humedades, trabajando como los jornaleros, tomando frío, nieve y aires muy crudos”. Y la última carta firmada por don Jesús de la Cruz, diácono, se dice que el señor Cardenal se halla bastante enfermo y, por tanto, “imposibilitado para ocuparse de asuntos, aún de su propia Archidiócesis”. Es la última comunicación que se tiene del Cardenal.

Justa Larrea Urquijo

La elección de la madre Justa Larrea Urquijo como Abadesa el 29 de octubre 1894, mujer de temple excepcional, dio nuevo impulso y dinamismo a la comunidad. Una de las primeras decisiones que tomó en 1895 fue dejar por fin la labranza y poner una pequeña fábrica de velas. El trabajo en el campo, en las condiciones ya expresadas, era muy duro y muy poco rentable. Ella sería la que “introdujera a la comunidad en la tierra prometida de Alloz”.

Por otra parte, se fueron dando nuevos pasos en el acercamiento a la Orden: en 1904 se cambian las Constituciones y Reglas del Fundador por las de los Cistercienses reformados, y el 26 de enero de 1906, festividad de San Alberico, cambian su hábito pardo con escapulario blanco por el blanco y negro de la Orden. Ante las grandes dificultades con que se siguen encontrando, sobre todo en la atención espiritual, se plantean, en 1909, durante unos Ejercicios Espirituales, hacer una fundación o afiliarse a la Orden. El señor Nuncio opta por lo último. Tienen una entrevista con el padre Cándido Albalat, quien les aconseja su fusión con la Comunidad de Herrera en La Rioja(hoy Echourgnac). Esta comunidad había sido expulsada de Expira (Francia) y se habían refugiado en España. Preocupaciones, indecisiones, diversas opiniones, angustias… En 1911 les visita Dom Ángel, Abad de San Isidro de Dueñas, para ultimar y concretar el traslado a dicha comunidad, pero el padre Juan de la Cruz Sola, futuro Superior de Getafe, que acompañaba a Dom Ángel y que de ningún modo quería ni el traslado ni la fusión de la comunidad, expresando el pensamiento de algunos hermanos de San Isidro, les animó a tener paciencia y a no precipitarse en la decisión, sino más bien a confiar en que el Señor lo arreglaría todo.

Recogiendo la herencia de Iranzu. Traslado a la “Granja de Alloz” (Navarra)

Providencialmente en tales circunstancias, en agosto de 1912 visita a la comunidad don Jesús Martínez, natural de Olite y párroco de Artica, Navarra, pariente de una de las hermanas. Percibe sus dificultades y toma interés por ellas. Gracias a las gestiones de este sacerdote navarro, las hermanas desistieron delproyecto de fusión con las hermanas de Herrera y adquieren la “Granja de Alloz”, con su correspondiente finca, en Navarra, con vistas a un traslado de la comunidad.

Vista de la Granja de Alloz

La “Granja de Alloz” fue una antigua propiedad del monasterio de Iranzu hasta la desamortización de Mendizábal en 1835. Expropiada por el Gobierno, fue pasando a manos de particulares. Sus últimos propietarios fueron doña Concepción Gómez-Acebo y su marido don Luis Ibargüen. Así, el 16 de octubre de 1913 cinco hermanas, con M. Justa al frente, salen de Tiñosillos hacia la Granja de Alloz. Su objetivo era hacerse cargo de ella y prepararla para que pudiera venir más tarde el resto de la comunidad. Esta llegó un año después, el 3 de octubre de 1914.

De este modo, las monjas vuelven a conectar materialmente con las raíces cistercienses de la “Granja”, como popularmente se le llama en el entorno, a la vez que el antiguo monasterio de Iranzu encontraba una sucesión en la misma línea, después de la brutal desamortización de Mendizábal un siglo antes. Eran en ese momento ya una crecida comunidad de 30 hermanas.

Comparado con la dura estepa castellana, la nueva sede en un valle fértil y de bello paisaje, bañado de luz, les pareció a las heroicas monjas de Tiñosillos un verdadero vergel.

No obstante, las condiciones en que tuvieron que seguir viviendo durante mucho tiempo pusieron a prueba su ya bien probada virtud y resistencia. En efecto, los edificios en que tuvieron que acomodarse no ofrecían las más mínimas condiciones de habitabilidad, ya que eran los propios de un edificio destinado a las labores de labranza y desatendido durante largos años.

De 1915 a 1918 fue Abadesa de la comunidad madre Ángeles Calzado; y de 1918 a 1921 madre Tomasa de Jesús Nazareno. En 1921 fue de nuevo elegida madre Justa Larrea, que permanecerá en el cargo hasta su muerte en 1930.

Las hermanas siguieron solas su camino. En 1922, gracias al apoyo de los monjes de San Isidro de Dueñas, fueron finalmente incorporadas canónicamente a la Orden Cisterciense.

Don Ciriaco María Sancha había cumplido su misión: entregar a la Iglesia, en la Orden del Císter, el don que había recibido. Pero él ya no conoció esto, había muerto en 1909.

La venta de Tiñosillos en 1923 fue posible gracias a la ayuda generosa e incansable de Dom Agustín Urcey O.S.B., Abad de Valvanera (La Rioja). Dom Agustín les había dado los Ejercicios Espirituales durante cuatro años consecutivos y estuvo siempre a disposición de las hermanas para todo lo que fuera necesario. Con lo que sacaron de la venta ampliaron la “Granja”.

Incorporación a la Orden Cisterciense.

La Comunidad de Tiñosillos, fundada con gran ilusión por el entonces Obispo de Ávila como monjasTrapenses, pero desligada de todo contacto con la Orden Cisterciense, pocas probabilidades de éxito podía tener, máxime dadas las condiciones históricas y de sometimiento exclusivo jurisdiccional al Obispo diocesano en que se encontraban todas las monjas en España. Por eso, ya desde los inicios las monjas de Tiñosillos buscaron el contacto y la afiliación a la Orden Cisterciense y lucharon por ello. En el año 1919 hacen una nueva petición al Capítulo General, apoyada en este momento por el Informe favorable del señor Obispo de Pamplona, don José López de Mendoza. Pero no es aceptada por el padre General, Dom Agustín Marre, por no tener completado el monasterio con los lugares apropiados para poder observar la vida regular. Se determina aplazar la petición para su examen. Son enviados como visitadores, con el fin de examinar la casa y las condiciones de la Comunidad, Dom André Malet, Abad de Santa María del Desierto y Dom Félix Alonso, Abad de San Isidro. Quedaron muy impresionados del buen espíritu y de la unidad de la Comunidad y su Informe, en el siguiente Capítulo General de septiembre de 1922, fue muy positivo. No obstante, Dom Agustín Marre no creyó oportuno aceptar la petición hasta que no tuvieran solucionado la venta del monasterio de Tiñosillos. Dom Agustín Marre ofreció su dimisión al final de este Capítulo a causa de su delicada salud. La asamblea aceptó su dimisión.

Terminado el Capítulo Dom André Malet escribe a la comunidad “una tierna, entrañable y sentida carta dándoles con harto sentimiento la triste noticia”. El padre Juan de la Cruz, Superior entonces de la Comunidad de Getafe y que con tanto interés acompañó a la comunidad en todoeste proceso, fue a visitarlas y a mantener en ellas viva la esperanza.

El día 13 de noviembre, reunidos de nuevo todos los abades, eligieron como nuevo Abad General a Dom Juan-Bautista Ollitrault de Keryvallant.

Los Abades españoles, a quienes se une Dom André Malet, aprovecharon para presentarle la petición de las Hermanas. El padre General acogió favorablemente la petición y “su primer acto y primera firma fue a favor de la comunidad de Alloz”, concediéndole la incorporación a la Orden, aunque de modo provisional, pues tenía que ser ratificado por el Capítulo General del año siguiente 1923.

En un documento dirigido al Obispo de Pamplona, el padre General nombra a Dom Félix Alonso, Abad de San Isidro de Dueñas, como Padre Inmediato de la Comunidad; y el señor Obispo así lo reconoce. Era el 5 de abril de 1924. El padre Felipe A. Vázquez sería el primer capellán de la Orden que tuvo la comunidad. Para la comunidad de Alloz fueron momentos de gozo inmenso y de acción de gracias a Dios. Por fin habían conseguido su objetivo: pertenecer a la Orden.

Realizada ya la incorporación a la Orden, el 21 de marzo de 1925, fiesta de Nuestro Padre san Benito, llega a nuestro monasterio la madre Benita del monasterio de Blagnac, con el fin de instruirles en la práctica de las Observancias y Usos de la Orden. Su ayuda fue especialmente importante en la ejecución del canto y salmodia. Pidió a su comunidad libros de canto: procesionales, motetes, graduales. Les enseñó a encuadernar y otras actividades. Se marchó en septiembre. Su presencia y su recuerdo quedaron muy grabados en la comunidad. En el año 1931, período de la República, ante el peligro de persecución religiosa, las hermanas reciben el ofrecimiento y la invitación de la madre Luisa, Abadesa de Blagnac, de trasladarse a su monasterio. Esto, que fue muy agradecido por nuestra comunidad, no fue necesario realizarlo; pero queda constancia de la deuda de gratitud hacia la comunidad hermana de Blagnac-Rivet.

En el año 1930 murió la madre Justa a consecuencia de una gripe. Toda la comunidad la lloró profundamente. La madre Micaela Garmendia conduciría a la comunidad durante doce años.En 1939 muere Dom Félix Alonso y es elegido para sucederle en febrero de 1940 el padre Buenaventura Ramos. En Alloz es elegida en 1942 como Abadesa madreMaría del Puy Echalar. En los planes de Dios estas dos personas estaban llamadas a continuar y completar la obra ya comenzada.

No obstante, la semilla plantada en Tiñosillos fructificó abundantemente en Alloz. Los primeros años fueron también difíciles por la necesidad de ir adaptando y renovando los viejos edificios, y organizando su economía. Las vocaciones, lo mismo que en Tiñosillos,empezaron a afluir. En el año 1950,debido a la pobreza de los edificios y sobre todo del Oratorio, se construyóla Iglesia. Gracias a la amistad y a las gestiones de Dom Buenaventura y el P. Vicente, gran impulsor de esta obra, con don Federico Mayo, Director General del Instituto Nacional de la Vivienda, fue posible su construcción. La inauguración y consagración fue el 15 de octubre de 1950 por don Enrique Delgado Gómez, Arzobispo de Pamplona.

Durante largos años las “monjas de Alloz” han vivido en condiciones sumamente difíciles, formando una comunidad que no ha cesado de crecer. Ante la precariedad de los edificios y la afluencia de vocaciones se vio también la necesidad de construir un “nuevo monasterio”, que se hizo realidad en 1961.

En la década de los 70 la comunidad llegó a estar formada por 82 hermanas. Ante este crecimiento, se fundó en 1977 el monasterio de la Palma en Cartagena y en 1989 el de Armenteira en Pontevedra.



En 1978 es elegida Abadesa M. Dolores BiurrunLezaun la cual continuó la obra de renovación pedida por el Concilio y por la Orden.

      En 1990 le sucedió en el servicio abacial M. Rosa Santos Sánchez. M. Rosa, ha dado un fuerte impulso al espíritu de sencillez propio del cister, desarrollando la dimensión orante y la teología de la belleza cisterciense, llevada a cabo en la renovación del monasterio y en la naturaleza del entorno como expresión de la belleza de Dios “pues por las cosas creadas la persona se eleva al Creador”. 

 

Hoy, después de 129 años, el monasterio de Tiñosillos, en medio de sus ruinas, conserva enhiesta la parte frontal de la fachada y la espadaña, como un testigo mudo de la elección de Dios y su entrañable misericordia y nosotras elevamos también orantes nuestras manos dando gracias al Señor “porque es eterna su misericordia”.